Kel Calderón cuenta cómo fue dormir en el Sahara y que ofrecieran 300 camellos por ella

La egresada de derecho explica su experiencia en el desierto y ahonda en las stories que ha subido a redes sociales.

En Instagram apareció que habían ofrecido 300 camellos por ti ¿Cómo pasó?

“Estábamos caminando, en un mercado y de repente se nos acerca un tipo y le pregunta a Óscar (su fotógrafo y amigo) si éramos algo, si yo era su mujer. El Óscar le dice que no, que sólo éramos amigos y él va y le ofrece 300 camellos por mí y yo chocha, preguntando si eso es mucho o poco y Óscar le responde que no habían suficientes camellos en Marruecos para cambiarme”.

¿Qué hizo el hombre ante la respuesta de tu amigo?

“El señor ofreció 500 dromedarios, como se llaman en realidad, y al final Óscar no me cambió y yo estaba muy enojada, pensé en mandar a mi mamá la próxima vez para que negociara por mí (ríe). Después el guía turístico que nos llevaba al Sahara nos dijo que en verdad eso es una broma que le hacen a los turistas porque sabían que para nosotros es un mito urbano, pero en verdad eso nunca se ha hecho, solo que a veces en los matrimonios, ellos como una especia de regalo entre una familia y otra hacían eso, pero nunca ha sido un intercambio por una mujer”.

¿Qué tal la experiencia por Marruecos?

“Nos hemos reído mucho porque andamos viajando con dos personas de NED Training Centre, la escuela de inglés de Irlanda con la que vinimos a trabajar. Este viaje a Marruecos es uno de sus viajes más cotizados, ellos hacen este paseo para sus alumnos que están estudiando en Irlanda y por eso estamos acá. Es muy divertido, por ejemplo yo pido una llave y se la pasan a Óscar, yo hago una pregunta y le contestan a óscar. Hablan entre hombres, la mujer es el arroz graneado”.

¿En qué ocasiones te has sentido un arroz graneado?

“Por ejemplo, le hice una pregunta a una niña que estaba al lado mío y el guía turístico me dijo “te me callas y me dejas hablar” y yo como “what?”. Hablan entre puros hombres y las mujeres en teoría deberían ser más calladas. Entendemos que es parte de la cultura. Entre hombres son muy afectuosos, los amigos andan de la mano y la mujer camina detrás del hombre”.

¿Y en todas partes te han hecho sentir tal cual?

“Igual es generacional porque nosotros nos quedamos a dormir dos noches en el desierto del Sahara y las personas que trabajan en el campamento son hombres jóvenes mucho más abiertos con las mujeres. Es raro, por un lado tiene esta forma de relacionarse con las mujeres muy dictatorial, pero por otro lado son súper atentos y entradores, es extraño”.

Dormiste en el Sahara ¿Qué tal la experiencia?

“Dormir en el Sahara era uno de mis sueños, heavy. Hace mucho tiempo que he estado buscando opciones para venir y alojar en el campamento Kam Kam Dunes. Fue un sueño cumplido. Dormí en la mitad del Sahara. No hay nada más. El campamento tiene sus propios dromedarios, estas entre medio de las dunas, miras las estrellas, es demasiado lindo. Pasas frío en la noche porque el desierto se pone súper helado, cosas así”.

¿Y qué tal la comida, muy exótica?

“Tengo la suerte de que mi guata no se enferma con nada, puedo comer de todo y todo el mundo se enferma alrededor mío. En Amazonas, en India, en Kenia, en Marruecos, todo el mundo ha ido cayendo de a poco y yo soy la única mujer en pie”.

Fotos: Oscar Andreé

 

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