Kenita Larraín: la reinvención de la reina de la farándula

A 14 años de su boom mediático, la ex modelo reflexiona sobre sus aciertos, errores y aprendizajes.

Kenita Larraín a sus 44 años luce impecable sin una sola gota de maquillaje, vestida con un buzo deportivo ancho y un moño a medio hacer. Se excusa por “la pinta”, la que responde a asuntos de mamá porque no pegó un ojo en toda la noche. Su hija Sophia de casi dos años comió pescado y reaccionó con una severa alergia, tiene hora al doctor con sobre cupo a las 12:30 y son las 10:15. Pero la calma está con ella, la sonrisa también.

Las explicaciones siguen cuando invita a pasar a su casa de 300 metros cuadrados y sin que nadie se lo pida cuenta que no tiene nana hace dos meses, buscando que el entorno comprenda el desorden que solo está en sus ojos. Kenita sirve café, prepara fajitas de queso con aceitunas, sus favoritas, ya está cómoda. Empieza la conversación.

Cuando recuerda sus años mozos habla con orgullo, se sabe la reina de la farándula y está consciente de la exposición mediática que tuvo, por eso acepta hablar de lo aprendido.

Vocación profesional

Kenita Larraín primero estudió arquitectura, tres años, y cuando pasó de los ramos manuales a los teóricos se sintió ajena. La carrera no era para ella y la dejó. Luego vino ingeniería comercial y se tituló en la Uniacc. A la par hacía comerciales y trabajaba como modelo. Su cartón lo sacó porque su familia le aconsejó tener un título de respaldo, porque el modelaje era pasajero.

Sus primeros trabajos como rostro, porque antiguamente se apostaba por caras desconocidas en la publicidad, fueron con la marca Avon y en el programa “La Tarde Millonaria” con Pollo Fuentes. “Yo era la modelo que sacaba las bolitas del Loto, después me tocó hablar, pero al principio era modelo de adorno”, dice con total naturalidad y es que eran otros tiempos.

El impulso mediático vino con la Movida del Festival, su relación con Iván Zamorano y su coronación como Reina de Viña en 2003. “Yo soy un alma muy libre y habría sido infeliz en una oficina cumpliendo horario. A mí me gusta viajar y salir de la rutina y tener horarios diferentes. Mi trabajo me ayudó a tener la vida que siempre quise”, reflexiona.

Las luces siempre estuvieron con ella y los números también, aunque eso nadie lo supo en su boom mediático. Kenita estudió seis años y medio numerología y es ancestróloga, consteladora familiar y terapeuta de Reiki.

El desamor y los sueños cumplidos

Si hubo algo de lo que todo Chile estuvo pendiente fue del fallido matrimonio entre Kenita Larraín e Iván Zamorano. Y parecía colmo, pero esta rubia despampanante de ojos celestes ganó match point años después cuando se enganchó de Marcelo “Chino” Ríos, se casó con él y tras un tormentoso matrimonio se dejó ver en el aeropuerto en silla de ruedas. Al tiempo se confirmó una relación esporádica pero intensa con Luis Miguel. Kenita estaba en el top ten del conventilleo.

“El acecho de la prensa fue muy fuerte. En las oficinas alguien dice algo de otro y es como “chuta, es una persona de la que hablan en una oficina”, en mi caso era todo Chile”, expresa y se siente una sobreviviente.

“Iván era un ídolo nacional y estamos en un país que cada vez es menos machista, pero en ese minuto lo era y fue tan difícil terminar esa relación que fui crucificada y criticada por no casarme. Con el quiebre yo aprendí a validarme, a ser consecuente conmigo. Porque a mí me dijeron muchas personas “yo tenía un matrimonio con cien personas y a mí no me conoce nadie y no fui capaz de terminar cuando me di cuenta que no iba a ser feliz”. Después para arreglar la relación muchos tienen hijos y es tan común eso. A mí muchos me felicitaron y destacaron mi valentía. Yo siento que fui valiente”, reflexiona a 14 años de haber fracasado en el amor y no se detiene a la hora de sacar cuentas con sus otros romances mediáticos.

“Lo que aprendí con el “Chino” fue que esa fantasía típica de algunas mujeres, de que “cuando se enamore y nos casemos él va a cambiar” es falsa. Aprendí que uno no cambia a nadie, las personas cambian cuando quieren y cuando uno se casa con alguien tiene que gustarle todo, lo bueno y lo malo. Y eso fue lo que yo no hice, quise cambiarlo y ese es mi mea culpa”, dice desde la madurez y aunque parece que hay que cambiar de tema debido al silencio, Kenita menciona al “Sol de México”: “Con Luis Miguel aprendí que los sueños se pueden hacer realidad, que es uno el que se pone los límites en la cabeza”.

Otro de sus sueños cumplidos fue ser madre y lo consiguió con 42 años de edad. “Todos me trataban de meter miedo, desde los médicos hasta las personas, me decían “¿no te da miedo ser mamá después de los 40?, puedes tener problemas”. No les dije yo, porque creo en que hay un plan divino y que haga lo que haga, me va a tocar vivir lo que tenga que ser”, expresa segura y revela que dejó de cuidarse porque quiere embarazarse otra vez. “No nos vamos a someter a ningún tratamiento. Si va a ser, va a ser igual. Yo confió en mi plan divino”, sentencia confiada.

Junto a su marido, el empresario argentino Sergio Ader, Kenita vivió la historia de amor que siempre anheló, pero nadie dijo que sería fácil. Hoy los padres de Sophia luchan contra el fantasma de la aprensión. “Nosotros lo conversamos y sabemos que tenemos que cambiar. Si uno sobreprotege a un niño lo hace débil y le corta las alas”, admite consciente. Solo falta practicar.

Fotos: Oscar Andreé

Entrevista y styling: Camila Campos

Maquillaje: Tamara Castro

Pelo: Jean Bohus

Agradecimientos:

Pelucas Mikal, Pedro de Valdivia 1783, local 119, Providencia.

www.pelucasmikal.cl

 

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