Lo que a mí me sirvió para comenzar a tener una vida más sana

¡Ay cómo cuesta! Sí, llevar una vida sana no es tan fácil como dicen por ahí. Algunos aseguran que basta con dejar la chatarra y caminar o andar en bicicleta un par de veces a la semana, pero no, la cosa va más allá.

Después de años de intentar hacer decenas de dietas milagrosas y, de perder mucha plata en gimnasios a los que nunca asistí, llegué a la conclusión de que finalmente no hay una forma ni un truco para tener un cuerpo saludable.

De un día para otro me propuse hacer un cambio, y sí, uno de verdad.  Asumí que las cosas no serían fáciles y eso me hizo derramar más de una lágrima, sin embargo, ya era momento de secárselas y de poner manos a la obra. El estar a un paso de la diabetes me asustó y mucho. 

En cuando a la comida, que fue lo primero que modifiqué de mis hábitos, comencé a reducir las porciones. Ojo, en mi caso, esto era fundamental, porque si bien comer pizza, sushi o hamburguesas no era mi punto débil, sí lo eran los grandes platos de fideos, porotos o la rica marraqueta de las mañanas (que muchas veces repetía).

 

La bebida y el alcohol los eliminé parcialmente, dejándola solo para ocasiones donde salía a comer afuera. Cosa que por cierto no dejé de hacer, pues siento que de haberme restringido darme algunos gustos todo habría sido un infierno. Más detalles de mi plan de alimentación son más personales, pues antes de iniciar asistí a un especialista para que me guiara. Es más, fui a varios. No acepté esas dietas extremas que no te permiten ni respirar ¡así no dan ganas!

Para concluir sobre el punto de la comida, algo que para mí fue muy valioso fue buscar los alimentos que a mí me gustaran (obviamente saludables). Me di la lata de probar todos los yogures “light” hasta encontrar el ideal, y así con el resto de las colaciones y preparaciones.

Y bueno, hablemos del (tan terrible para mi) ejercicio. Soy floja, lo reconozco. Después de llevar varios meses haciendo diversos tipos de entrenamientos debo admitir que no me gusta, no libero endorfinas, no lo paso bien. Muchos me dicen que es cosa de tiempo, pero honestamente no lo sé. Como este punto es incluso hasta ahora algo muy complejo para mí, les voy a contar qué hice y qué estoy haciendo ahora para mantenerme activa físicamente.

Yo en uno de mis días en el gym (agosto / junio)

Al igual que la comida, el ejercicio fue un descubrimiento. Mi primer contacto real con el gym fue probar con la trotadora, la elíptica y la bicicleta para hacer cardio (sirve para calentar y preparar el cuerpo antes de un entrenamiento más intenso). De estas me quedo con la elíptica, me siento más cómoda y además creo que es más eficiente en términos técnicos.

En cuanto a máquinas, también fui experimentando con todas, aunque luego tuve que buscar asesoría porque no todas nos sirven, depende de lo que quieras conseguir… ¡consulta a un personal trainer!

Yo en uno de mis días en el gym (diciembre / enero)

Respecto a la cantidad, empecé dos veces por semana asistiendo a clases guiadas de pesas, zumba, etc. Y luego fui sumando días con libertad de entrenamiento, ya sabiendo lo que me gustaba y lo que no. Ahora que ya tengo claro esto, compré para hacer en casa un mat de yoga, mancuernas de dos kilos y una cuerda de saltar: para mí más que suficiente.

Como conclusión, les puedo contar que en ocho meses logré bajar 20 kilos a base de mucho esfuerzo pero sobre autoconocimiento y amor propio. Fundamental fue tener asistencia médica y sicológica durante el proceso que se extiende hasta el día de hoy y que ahora pretendo hacerlo parte de mi vida para siempre. Y como consejo, no hay una forma, ni un secreto… te invito a aventurarte y sacar tus propias conclusiones.

Yo en mayo versus diciembre

 


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