Sororidad: Ya no somos competencia

A lo largo de mis años de vida (casi treinta para ser más exactos y romperle el miedo a los números sobre el pastel), he pasado por un crecimiento como persona que espero nunca acabe.

Me siento tan feliz de ser parte de la revolución de pensamiento y libertades que estamos viviendo. Las nuevas o más bien, ahora aceptadas formas de amar, de vestir, de hacer lo que quieras con tu cuerpo, es sin duda el cambio más profundo que podemos tener como sociedad y mejor aún, como mujeres.

Desde pequeñas nos enseñaron a competir, a hacer diferencia entre gordas y flacas, populares y nerds, la fea y la bonita. Hoy miro atrás y no entiendo cómo nos dejamos envolver por esa pobre mentalidad.

La conmemoración del 8 M, día internacional de la mujer de este pasado domingo volvió a calar hondo en mí. Más aún de la mano de mi hermana, que por primera vez decidía estar ahí, mis amigas y mi bella sobrina de 15 años, quien ha sido parte de esta revolución desde que tiene uso de razón.

Como es usual en mí, siempre estoy creando, y se me ocurren ideas de un momento a otro. Y no voy a mentir, sólo un par de días antes del #8M creé un video inspirado en la letra del último sencillo de Denise Rosenthal, “Tiene sabor”… puuuro #power ¡Tenía que hacer algo!

Como estaba contra el tiempo decidí buscar ayuda en mis cercanos, se venía el día muuuy encima, pero NO ME IBA A RENDIR, Ya su sabes... #SIEMPREPOWER. Le conté la idea a una amiga, luego lo propuse  en otros grupos y la idea creció, creció y creció. Destinamos dos días de grabación; recorrimos todo Santiago con mi parter Pipe Karbaxo. Luego a editar y voilá.  El domingo justo antes de salir marchar, publiqué el video.

 

 

¿Por qué les cuento esto? Porque de no ser por la nueva consciencia que estamos creando, de no ser por el cambio de paradigma que estamos viviendo, mi idea podría haber sido aportillada, antes de  siquiera de haber sido escuchada. Pero no, fui a cada una de las casas de las chicas que aparecen en el video y cada una me abrió sus puertas de par en par. Me ofreció un refresco, conversé con sus familias y grabamos con la confianza de quienes se conocen hace años ¿y les cuento algo?, era la primera vez que conocía a la mayoría de ellas.

Me sentí  acompañada, me sentí querida y deseo profundamente que la sororidad se vuelva costumbre, que la competencia entre nosotras ya no exista y que nos valoremos una a otra con sus defectos y virtudes. Tal como leí en cientos de letreros que flotaban en la masa morada del domingo pasado. Que se multiplique el mensaje y que se transforme en la realidad más bella que nos pudo pasar, “YA NO ESTAMOS SOLAS”.


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