2020: "Que tu meta sea ponerte en los zapatos del otro"

Y llegó el ansiado fin de año, las vacaciones tan esperadas, la posibilidad de ponernos en  pausa para recargarnos de las energías necesarias, conectarnos con eso que queremos y las personas que nos rodean y amamos. Aparece una luz de esperanza en este ajetreado y terremoteado 2019. Una luz para poder cambiar, crecer y alcanzar todo eso que queremos para el próximo año.

Qué importante es poder analizar y reflexionar en este periodo de tiempo. Cada uno de nosotros, sin duda, ha crecido o ha dejado cosas por hacer, en esa interminable lista de pendientes. Además, cerramos un año distinto para todos, un 2019 que en los últimos meses ha estado cargado de mensajes y movimientos sociales. Esta época nos deja un sabor amargo, una mirada de la sociedad y del mundo distinta. Al menos para mí, ha sido difícil y duro reconocer como de esta crisis, para algunos, dejó salir lo más sombrío del ser humano: el juicio, la agresión, la prepotencia, el insulto, la polarización…. humanos deshumanizados. ¿Dónde quedó la oportunidad de aprendizaje, esa que nos regala cada crisis?

Creo o quiero creer que estos meses han estado cargados de cuestionamientos, tocando a ratos el abismo de la incertidumbre, esa que nos permite conectarnos, aprender y mirar el futuro con esperanza. Este fin de año, aunque duro, nos deja la oportunidad de cuestionarnos al menos, cómo estamos aportando a este mundo. ¿Cuál es el granito de arena que regalo día a día? ¿Cuál es mi huella? ¿Cómo quiero sumar en esta sociedad que me necesita? ¿Qué quiero dejarle a mis hijos, amigos o pareja como aprendizaje?

Este año más que nunca necesitamos detenernos, mirarnos a nosotros mismos para poder detenernos en el otro. Vivimos una navidad distinta, en la cual por primera vez tuvimos la oportunidad de volcarla a la reflexión y no a la locura de las compras para cumplir con regalos. Hoy tenemos la oportunidad de dejar lo banal atrás y de celebrar y vivir este fin de año de una manera distinta: poniendo toda nuestra energía en el vínculo y la conexión con el otro que quiero.

Esta crisis nos ha dado la posibilidad (si la hemos aprovechado) de mirar al del lado. De echar un vistazo a ese otro como una persona íntegra que necesita de nuestra mirada, sonrisa y saludo. Dignidad es lo que todos pedimos y eso no ocurrirá si no logramos detenernos en el otro. Porque un trato justo, digno y respetuoso, parte porque cada uno de nosotros ponga como meta al otro en su camino.

Hemos hablado mucho de la empatía en estos días y la verdad es que siento que ese es el mejor regalo que podemos darle al mundo y a nosotros mismos. Qué nuestra meta sea el otro, esto significa que por un momento puedo parar de mirarme a mí, para poder encontrarlo a él y sus necesidades. Solo así podemos soñar con ser mejores personas. Como me dijo un papá hoy en la entrega de premios de sus hijos “no me importan las notas o los resultados, solo me importa que mis hijos sean buenas personas”. ¿No debería ser lo que todos queremos para nosotros mismos y para todo aquél que nos rodea? ¿Ser buenas personas? Que esperanzador sería que todos lucháramos por esa meta. No soñemos con que nuestros hijos solo “sean felices” y tampoco esperemos solo esa “felicidad” para nosotros mismos, soñemos más alto, caminemos más profundo, intentemos ser BUENAS PERSONAS….y para construirnos en buenas personas es vital mirar, reconocer y detenerse en el otro.

A ratos nos quedamos tan fijados en nuestras propias metas finales o en los resultados que obtuvimos, que nos olvidamos del camino recorrido. Olvidamos evaluar y mirar si en ese camino logramos ser humildes, respetuosos, cariñosos, generosos y más humanos, con nosotros mismos y con todos aquellos que nos rodean día a día. Ser mejores personas implica dejar de mirarnos el ombligo y entregarnos al otro, con la libertad y la certeza de que ese es el único y mejor camino.

Solo sueño que en este camino recorrido del 2019, no olvidemos revisar y mirar cómo queremos seguir nuestro próximo año, porque si queremos que este sea diferente no podemos dejar de detenernos, de mirar y reflexionar que necesitamos cambiar para llegar a eso que soñamos como personas y como sociedad.

Mi invitación hoy, es hacer ese viaje hacia el interior para poder desde ahí, volcar nuestra mirada hacia el exterior, hacia ese otro que nos necesita, que nos mira y que espera un trato digno, respetuoso, justo y cariñoso de nosotros.

Por un 2020 distinto, por un fin de año centrado en la reflexión, por un cambio en la manera de conectarnos: volquemos nuestra energía hacia el exterior, hacia el otro….hacia el AMOR.


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